Abrir una escuela de astrología, investigar el esoterismo, habitar el amor y convertirme en un gurú depravado
15/7/27
En pocas semanas he abierto Escuela SPAR, he publicado una investigación experimental sobre afrontamiento esotérico, he terminado dos años de Teatro y Consciencia en Espai Philae y he prestado mi cuerpo a un gurú bufonesco, obsceno y difícil de presentar en sociedad. Más que cuatro identidades, empiezo a ver cuatro maneras de investigar nuestra necesidad de sentido, vínculo y libertad.
Abrir una escuela sin fabricar certezas
Acabo de abrir Escuela SPAR, mi propia escuela de astrología psicológica. Después de más de una década enseñando en Cosmograma (donde seguiré colaborando puntualmente), necesitaba construir un proyecto más parecido al lugar en el que estoy ahora: vivo, creativo, riguroso y dispuesto a podar aquello que deje de funcionar.
SPAR significa Símbolo, Patrones, Autonomía y Rigor. Bueno, originalmente significa "Sistema de Procesamiento Adaptativo y Resonancia" por un artículo que escribí aterrizando la astrología a una perspectiva naturalista. En cualquier caso, estas siglas resumen el marco que quiero sostener: tomar en serio el símbolo sin convertirlo en una identidad fija, devolver capacidad de acción a la persona y no confundir profundidad con certeza.
No quiero enseñar una astrología que dicte quién eres o qué va a sucederte. Una carta natal puede abrir preguntas y dar lenguaje a una experiencia, pero no debería sustituir la biografía, el contexto, el cuerpo ni las decisiones. Una carta natal no debería justificar tu cárcel, debería ayudarte a abrir puertas. Es por eso que priorizo a la persona antes que a la astrología, el territorio antes que el mapa.
Puedes conocer el proyecto en Escuela SPAR.
Investigar aquello que amo
Casi al mismo tiempo publiqué recientemente en este blog mi investigación experimental sobre afrontamiento esotérico, fruto de mi trabajo final de máster en la Universidad Internacional de la Rioja. La coincidencia puede parecer sospechosa: un astrólogo que abre una escuela mientras investiga si las narrativas esotéricas pueden ayudarnos a afrontar —o a evitar— la frustración. Para mí, si una herramienta importa, merece también preguntas difíciles.
Participaron 205 personas. La frustración inducida aumentó el malestar y la urgencia de alivio, pero no volvió más esotérica a toda la muestra. El efecto apareció especialmente en personas con baja frecuencia previa de experiencias inusuales o atribuciones especiales de significado. Además, las estrategias racionales y esotéricas podían convivir: podemos analizar un problema y buscarle sentido simbólico durante la misma tarde.
La conclusión que más me importa es funcional: una creencia esotérica puede ser puente o pura anestesia. Puede ayudarnos a contactar con una experiencia y actuar, o envolver la evitación en un relato precioso. La pregunta no es solo si una narrativa es verdadera, sino qué hace con nuestra libertad.
Si te gusta la ciencia, he explicado el diseño, los resultados y las limitaciones en el artículo completo sobre la investigación.
Dos años de Teatro y Consciencia
También he terminado mi segundo año de Teatro y Consciencia en Espai Philae facilitado por mi querida Anna Sabaté. El primer año fue, sobre todo, un ejercicio de desidentificación (¿o de profunda identificación inconsciente?): aflojar la rigidez de la persona que creo ser y explorar otros cuerpos, voces e identidades. Entre ellas apareció un jugador de NBA megaexitoso que su novia le ponían los cuernos (¡¿a él?!, ¡¿cómo era posible?!) o un mendigo esquizofrénico amoroso (una criatura que difícilmente habría dejado entrar en mi identidad cotidiana de psicólogo educado y razonable).
Sin duda, me llevo dos años de compartir con un grupo que siento familia, y que voy a echar mucho de menos... El camino de Teatro y Consciencia continua hasta un tercer año pero mis circunstancias actuales me piden compromiso con mi proyecto de psicología 'Ser Contigo' y mi nueva escuela de astrología 'escuela SPAR'.
El segundo año desplazó la pregunta: de quién puedo llegar a ser a cómo estoy con otra persona. Hemos trabajado el vínculo, el amor, la apertura, la vulnerabilidad, la confianza, la escucha y el compromiso de permanecer cuando aparece algo que no controlo.
Me llevo más valentía emocional y más espacio para expresar sentimientos que están ahí poderosos pero suelo permitirme poco, especialmente la rabia (aunque todavía me cuesta). Confío algo más en mi "verdad" sin necesitar imponerla, escucho antes el cuerpo, me defiendo menos deprisa y estoy más cómodo mirando a los ojos de las personas que amo. Me siento, en una expresión que me gusta, un poco más mamífero: menos impecable y más vivo.
También siento que puedo amar mejor a personas que no encajan perfectamente con mis intereses o mi idea de afinidad. Hay muchas formas de amar. Sostener las diferencias y las emociones negativas no significa tolerarlo todo; significa que una discrepancia no tenga que convertirse inmediatamente en amenaza o retirada.
Ha sido un colofón precioso al duelo que comenzó hace tres años con la ruptura de la relación con mi exmujer y que me conectó con heridas mucho más antiguas. No siento que todo esté resuelto, pero algo se ha ablandado. La rabia cuesta y la defensividad me vuelve, aunque ahora tengo más capacidad para quedarme cerca de lo que siento y de quien tengo delante...
Del alumno al facilitador
Y en octubre pasaré del lugar de alumno al de facilitador del Laboratorio de expresión y autoconocimiento de Espai Philae. Será un proceso trimestral de Casa Raíz: psicología, cuerpo, teatro, danza, juego y vínculo. No se trata de hacerlo bien, sino de explorar con un marco seguro, equivocarnos con dignidad y llevar lo vivido a la vida cotidiana.
El curso será del 6 de octubre al 22 de diciembre de 2026, los martes de 17:30 a 19:30. Puedes consultar toda la información e inscribirte en Laboratorio de expresión · Espai Philae.
Y entonces apareció el bufón
Hasta aquí todavía podía conservar una imagen relativamente respetable. Pero, mientras todo esto ocurría, estaba sumergido en un experimento bastante menos presentable: un intensivo inmersivo de teatro de bufón.
El juez, el evangelista y el bufón
Cuando empecé a estudiar astrología, con 21 años, mi primer profesor, Juan Trigo, describió tres figuras de Sagitario: el juez, el evangelista y el bufón. No lo tomo como una teoría universal ni como una escala objetiva, pero la metáfora se me quedó dentro. El juez condena desde arriba. El evangelista quiere convencer. El bufón se deforma y habla desde un lugar tan bajo y ridículo que puede decir que el rey está desnudo sin presentarse como más puro ni elevado que nadie. Y esto es muuuuuy interesante. Poder decir la verdad sin las consecuencias de ser percibido como altivo o pedante, o sin que te cancelen o te corten la cabeza jajaja
En la tradición asociada a Jacques Lecoq, del clown nos reímos mientras el bufón se ríe de nosotros; en la provocación de Philippe Gaulier, su broma puede devolver al público una imagen incómoda de sí mismo. El bufón no explica la crítica de forma intelectualmente exquisita: la encarna con sus deformidades, gestos, obscenidades...
Mi personaje es un gurú espiritual sexual, escatológico, depravado, grandioso y manipulador. Habla de amor y trascendencia mientras necesita adoración y control. La sátira apunta al dinero alrededor de la promesa espiritual, la sexualización revestida de sanación, el poder carismático y las dinámicas sectarias ocultas bajo palabras como energía o evolución. No quería ofrecer una conferencia sobre ello: quería volverlo carne, exceso y deseo de dominio.
Crear jugando, no diseñar desde la cabeza
El personaje no nació de diseñarlo desde la cabeza, sino de improvisaciones, juegos, errores y accidentes. La imaginación funcionaba como un mecano con infinitas piezas. Ya había aprendido con Elena Baliarda a dejar que la acción piense; aquí pude llevarlo mucho más lejos y aprender de profesionales capaces de permanecer dentro del personaje cuando todo se desordena. Arnau Marin ha sido un genio encontrando el punto donde cada material se volvía más libre y más teatral.
Un orgasmo de liberación moral
Dicho sin volverlo fino. Ha sido como tener muchísimas ganas de follar y, por fin, follar: después te quedas flotando. En mi caso, un orgasmo de liberación moral.
Yo puedo ser muy moral: vigilarme, evaluar mis impulsos y necesitar que todo resulte defendible. Por eso interpretar al bufón fue suspender por un rato al vigilante interno y atravesar lo sexual, lo escatológico y lo cruel sin convertirme literalmente en ello. Mi identidad educada y profesional es valiosa, pero también puede ser una jaula muy bien decorada.
El personaje no soy yo, aunque necesita mi cuerpo, mi agresividad, mi deseo de provocar y mi vergüenza. La ficción no es una coartada, sino un laboratorio. Compartirlo me hace vulnerable de una forma poco dulce: enseña una parte obscena y ridícula que puede cambiar la mirada de los demás sobre mí.
Tampoco creo que todo lo extremo sea valioso por ser extremo. Crear sin censura y decidir qué publicar son operaciones diferentes. Por eso compartiré solo un fragmento: el escenario sostiene un contexto que internet puede borrar.
Ver a mis compañeros fue lo más
Ver a mis compañeros fue lo más: observarlos atravesar la vergüenza, sostener el ridículo y dejar aparecer criaturas dificilísimas. Admiré su creatividad, su valentía, su capacidad para estar inmersos en ese personaje.
La libertad no fue una hazaña solitaria, sino algo que ocurrió dentro de un grupo seguro. Ayuda muchísimo comprobar que los demás están tan mal como tú: deformados, indecentes, perdidos y disfrutándolo.
Gracias a Arnau Marin, facilitador de este descenso artístico a los infiernos y responsable legal de todas las posibles denuncias. Esta última parte es una broma; creo que conviene aclararlo antes de que el personaje redacte las condiciones de uso.
Un fragmento de la criatura
Advertencia de contenido
El siguiente fragmento contiene lenguaje y gestualidad sexual, elementos escatológicos y una representación deliberadamente incómoda de abuso de poder espiritual. No está pensado para todos los públicos.
Comparto este fragmento como una puerta hacia una parte de mí que mi persona educada todavía está aprendiendo a mirar.
La pieza completa tiene un ritmo y una relación con el público que no caben en un recorte. Espero que el fragmento conserve la pista fundamental: no celebra al gurú, sino que muestra su maquinaria desde el exceso bufonesco.
Símbolo, evidencia, vínculo y cuerpo
¿Qué une una escuela de astrología, un experimento psicológico, dos años de teatro y este gurú depravado? Las cuatro experiencias exploran cómo construimos sentido, qué ocurre cuando nos dejamos afectar y qué formas de poder pueden instalarse dentro de esa necesidad. El símbolo puede ampliar la autonomía; la investigación pregunta cuándo se vuelve evitación; el vínculo me obliga a permanecer cuando algo incomoda; y el bufón muestra a quien captura el misterio y exige obediencia a cambio de certezas.
No quiero resolver esta tensión escogiendo una sola identidad respetable. El investigador limita al astrólogo; el astrólogo recuerda al investigador que no vivimos únicamente de datos; el vínculo devuelve a ambos al cuerpo; y el bufón advierte que cualquiera que explique el mundo puede enamorarse demasiado de su autoridad.
Quizá la coherencia no consista en parecer siempre la misma persona, sino en sostener una pregunta común con herramientas diferentes.
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